Si querés un pastel sabroso, suave y con un toque dulce de cebolla caramelizada, esta receta es ideal. Sale dorado, cremoso y con un sabor que combina perfecto el queso con la suavidad de la cebolla. Es perfecto para almuerzos, cenas o incluso para un brunch relajado.
Ingredientes
3 cebollas medianas
2 cucharadas de manteca o aceite
3 huevos
200 ml de crema de leche
150 g de queso rallado (puede ser mozzarella, gouda o un mix de quesos)
1 masa de tarta o base quebrada lista para usar
Sal y pimienta al gusto
Opcional: hierbas como orégano, tomillo o nuez moscada
2 cucharadas de manteca o aceite
3 huevos
200 ml de crema de leche
150 g de queso rallado (puede ser mozzarella, gouda o un mix de quesos)
1 masa de tarta o base quebrada lista para usar
Sal y pimienta al gusto
Opcional: hierbas como orégano, tomillo o nuez moscada
Preparación
Pelá y cortá las cebollas en tiras finitas. En una sartén grande, calentá la manteca o el aceite y salteá las cebollas a fuego medio-bajo hasta que estén transparentes y un poco caramelizadas, unos 15-20 minutos. Salpimentá al gusto.
Mientras tanto, precalentá el horno a 180°C. Colocá la masa de tarta en un molde, estirando bien los bordes y pinchando la base con un tenedor varias veces. Si querés, podés pre-hornearla 5-7 minutos para que quede firme.
En un bol, batí los huevos con la crema de leche hasta integrar. Agregá el queso rallado y mezclá bien. Si querés, podés sumar hierbas secas como orégano, tomillo o una pizca de nuez moscada, pero esto es opcional.
Colocá las cebollas sobre la masa de manera uniforme y verté encima la mezcla de huevos y queso. Horneá entre 25 y 35 minutos hasta que esté dorado y firme. Dejá reposar 5-10 minutos antes de cortar.
El resultado es un pastel cremoso y sabroso, ideal para comer solo o acompañado de una ensalada fresca.
Variante económica y práctica
Si querés ahorrar unos pesos sin que el pastel pierda lo esencial:
Usá orégano si querés hierbas, es barato y aromático.
Cambiá el queso rallado caro por queso cremoso que funda bien. Evitá quesos tipo ricota o “duros” que no se derriten porque arruinan la textura.
Manteca y pimienta son suficientes para dar sabor.
Omití otros extras como tomillo o nuez moscada.
El resultado siempre será un poquito distinto al original, pero sigue siendo cremoso, dorado y sabroso, y sirve perfecto para un pastel casero que no te vacíe la billetera.
Manteca y pimienta son suficientes para dar sabor.
Omití otros extras como tomillo o nuez moscada.
El resultado siempre será un poquito distinto al original, pero sigue siendo cremoso, dorado y sabroso, y sirve perfecto para un pastel casero que no te vacíe la billetera.
